Bruno nació prematuro, a la semana 36. Al principio todo parecía estar bien. Pero a los pocos meses, en uno de los controles mensuales, la doctora notó algo: de un mes a otro, la cabecita de Bruno había crecido 3 centímetros.
Ahí empezó un camino de estudios y derivaciones: una ecografía cerebral, un pedido de tomografía, turnos con neurología, neurocirugía y cardiología para descartar cualquier otra cosa. Conseguir los turnos no fue fácil — incluso los pedidos con carácter de urgente tardaron meses en autorizarse.
Cuando por fin pudieron hacerle la tomografía, llegó el diagnóstico: plagiocefalia posicional. Para que Bruno pueda crecer y desarrollarse con normalidad, necesita un casco ortopédico craneal hecho a medida.
Desde entonces, Brenda, su mamá, no para de golpear puertas: viajes al hospital, reclamos, papeles que hay que volver a pedir porque la fecha de vencimiento del presupuesto ya caducó. Cada mes y medio hay que renovar la documentación porque todavía no llega la autorización. Mientras tanto, el tiempo pasa — y en el desarrollo craneal de un bebé, cada semana cuenta.